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Angela Dowden
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Angela Dowden

Angela Dowden es «la nutricionista líder de Gran Bretaña», un apelativo que el diario continúa utilizando a pesar de haber sido censurada por la Sociedad de Nutrición debido a que hizo una afirmación en los medios para la que carecía de prueba alguna.

Cita errónea

El que sigue es un ejemplo diferente y aún más interesante de la propia Dowden: una cita extraída de su columna en el Mirror, en la que escribió acerca de los alimentos que proporcionan protección solar durante una ola de calor.

«Un estudio australiano de 2001 descubrió que el aceite de oliva (combinado con frutas, verduras, hortalizas y legumbres) ofrecía una protección apreciable contra la aparición de arrugas en la piel. Consuman más aceite de oliva usándolo en ensaladas o untándolo en el pan en lugar de la mantequilla.»

Se trata de un consejo muy específico, con una justificación muy concreta para la que se cita una referencia muy determinada... y se emplea un tono cargado de supuestas razones de autoridad. Es un ejemplo típico de lo que los nutricionistas mediáticos escriben en los periódicos. Vayamos entonces a la biblioteca y busquemos el artículo al que se refiere la autora (Skin wrinkling: can food make a difference?[1]).

Antes de ir más lejos, aquí lo que se critica es la interpretación que Dowden hace de esa investigación y no la investigación en sí, que asumimos que constituye una descripción fiel del trabajo de investigación realizado. El estudio en cuestión fue de observación y no de intervención.

Los investigadores no dieron aceite de oliva a una serie de personas durante un periodo de tiempo para medir posteriormente las diferencias observadas en sus arrugas. De hecho, fue todo lo contrario. El estudio juntó a cuatro grupos de personas para obtener una gama de estilos de vida (personas griegas, australianas, anglo-célticas y suecas) y descubrió que individuos con hábitos alimenticios completamente distintos entre sí (y con vidas muy diferentes, cabría suponer) también evidenciaban cantidades diferenciadas de arrugas. Este estudio pone de manifiesto que las arrugas de la piel en un sitio expuesto al sol en personas mayores de diversos orígenes étnicos puede estar influenciada por el tipo de alimentos consumidos.

No me resulta sorprendente, ya que ejemplifica un problema muy simple existente en la investigación epidemiológica y que se conoce como «variables de confusión»: me refiero a aspectos que están relacionados tanto con el resultado que se está midiendo (las arrugas) como con el agente activo que también se está midiendo (la comida), pero que no han sido tenidos en cuenta todavía y que pueden inducirnos a interpretar como causal una relación que sólo lo es en apariencia. Es necesario, entonces, concebir maneras de excluir o minimizar esas relaciones espurias: métodos que nos conduzcan a la respuesta correcta o, al menos, a ser muy conscientes de la presencia de tales factores distorsionantes. En el caso de este estudio, casi podríamos decir que hay demasiadas variables de confusión para describirlas todas.

Uno puede imaginarse sobrados motivos por los que suponer que las personas que consumen aceite de oliva tienen menos arrugas, pero la posibilidad de que el aceite tenga un efecto físico en nuestra piel cuando lo tomamos, ocupa un puesto muy bajo en esa lista de razones.

Hay que reconocer que no son los únicos que, en su anhelo por construir un relato claro y nítido de los hechos, no comprenden la importancia de las variables de confusión. Cada vez que leemos en un periódico que «la ingesta moderada de alcohol» está asociada a alguna mejora concreta en nuestra salud (menor índice de enfermedades cardiacas, menor obesidad... lo que sea), para gran deleite de la industria de las bebidas alcohólicas.

Estamos siendo testigos, casi con total certeza, del trabajo de un periodista de intelecto limitado que interpreta exageradamente los resultados de un estudio con enormes variables de confusión. Esto se debe a que los abstemios son una anomalía. No son como las demás personas. Casi seguro que tienen algún motivo para no beber, que puede ser de índole moral, cultural o, tal vez, incluso médica, pero, en cualquier caso, existe un riesgo acusado de que, sea lo que sea lo que los hace ser abstemios, tenga también otros efectos sobre su salud, lo que induce a confusiones en lo que se refiere a la relación entre sus hábitos de bebida y sus niveles de salud. ¿Como cuáles? Pues, por ejemplo, es posible que las personas pertenecientes a grupos étnicos concretos que practican la abstinencia en lo que al alcohol se refiere tengan también más probabilidades de ser obesas y que, por eso mismo, sean menos sanas. Tal vez las personas que se niegan a sí mismas el capricho del alcohol lo compensen abusando más del chocolate y las patatas fritas. Tal vez una mala salud previa sea la que fuerce a muchas de esas personas a renunciar al alcohol y, con eso, se estén sesgando las cifras y haciendo que los abstemios parezcan menos sanos que los bebedores moderados. Tal vez estos abstemios sean antiguos alcohólicos recuperándose de su adicción.

Siempre debemos ser cautos a la hora de interpretar los datos. En opinión de expertos, Dowden ha extrapolado demasiadas conclusiones a partir de los datos guiada por su deseo de ofrecer —con gran autoridad y certeza— consejos dietéticos muy específicos en su columna.

¿Qué podría haber escrito en lugar de lo que escribió?

Las personas son perfectamente capaces de entender las pruebas que respaldan o refutan una afirmación, y que cualquiera que oculte, exagere o confunda esas pruebas, mientras da a entender que le está haciendo un favor al lector, probablemente no trama nada bueno. El de la vacuna triple vírica es un excelente ejemplo de bulo en el que la alarma desatada, el pánico, los «expertos preocupados» por el tema y las teorías de la conspiración difundidas por los medios resultaron muy convincentes, pero en el que la base científica de la cuestión apenas llegó a explicarse.

Si ella fuera una nutricionista honesta tal vez diría (tras dar todos esos otros consejos sensatos y juiciosos ya consabidos) que «un estudio descubrió que las personas que consumen más aceite de oliva tienen menos arrugas», y entonces me sentiría obligado a añadir: «Si bien las personas que difieren en cuanto a su dieta pueden diferir también en muchos otros aspectos». Pero como, en cualquier caso, estaría escribiendo sobre alimentos, seguramente concluiría con un: «No importa, aquí tienen una receta para un delicioso aliño de ensalada».

Referencias y ligas externas

  1. M. B. Purba y otros, Skin wrinkling: can food make a difference?, Journal of the American College of Nutrition, 20, 1, febrero de 2001, págs. 71-80 (inglés)
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