Fandom

Wiki Pseudociencia

Arthur C. Clarke

1.569páginas en
el wiki
Crear una página
Discusión0 Compartir
Arthur C Clarke.jpg
Arthur Charles Clarke
Información Biográfica
País Inglaterra.jpg
Reino Unido
Lugar

Minehead, Inglaterra

F. de Nacimiento

16 de diciembre de 1917

Fallecimiento

19 de marzo de 2008

Información Personal
Ocupación

Escritor y científico
británico

Afiliación

Sir Arthur Charles Clarke más conocido como Arthur C. Clarke fue autor de obras de divulgación científica y de ciencia ficción, como la novela 2001: Una odisea del espacio, El centinela o Cita con Rama y co-guionista de la película 2001: A Space Odyssey (2001: Una odisea del espacio).

Siempre se consideró a Arthur C. Clarke como un hombre de habilidades múltiples que pasaba la mayor parte de su tiempo, sino escribiendo una novela científica, sí viajando por el mundo. Si bien el propio Clarke se mofaba del concepto del movimiento perpetuo, él mismo, por su parte, es lo que más se aproximaba a esa esencia.

Clarke era delgado, usaba anteojos, tenía el cabello escaso y rufo y parecía más un contador, como lo fue en una época, que un exitoso escritor. Nació en Inglaterra y poseía una excepcional provisión de energía y de imaginación. A pesar de sus ocupaciones escribió libros que vendieron más de diez millones de copias (en 30 idiomas), además de centenares de artículos para toda clase de revistas, desde las respetadas científicas, hasta la mundana Playboy.

Algo de historia

Arthur C. Clarke se interesó por la ciencia desde que tenía 10 años, cuando su padre, agricultor de Somerset (Inglaterra), le regaló unas estampas que venían en los paquetes de cigarrillos y que formaban parte de una serie de láminas de animales prehistóricos. Pronto cambió el interés del chico de la paleontología a la astronomía, y Arthur se fabricó un pequeño telescopio con un tubo de cartón y unas lentes.

El momento más memorable de su niñez fue cuando, a los 13 años, se encontró algunos ejemplares de revistas como Amazing Stories y Astounding Stories. Durante años coleccionó todos los números que pudo. Esas revistas encendieron la imaginación de toda una generación de autores de novelas científicas.

Empezó él mismo a escribir este género de narraciones para la revista de su escuela en Taunton. No pudiendo ingresar a la universidad por falta de dinero, se fue a Londres a los 19 años de edad y se colocó como contador en una oficina del gobierno. También se agregó a un pequeño círculo de muchachos entusiastas de la ficción científica, que se reunían en los cafés y a quienes se miraba como chiflados sospechosos. Este grupo formó un organismo con el pomposo nombre de Sociedad Interplanetaria Británica. Eran doce en total, los más poco mayores de 20 años.

Aunque ninguno de aquellos muchachos tenía realmente estudios científicos o técnicos, llegaron con el tiempo a proyectar y diseñar un vehículo espacial capaz de llevar a tres hombres a la Luna y traerlos de vuelta. Nadie les hizo mayor caso, como no fuera para burlarse de ellos. Lo irónico es que aquel concepto, risible en apariencia, tiene una semejanza notable con los vehículos que se usaron en los primeros vuelos espaciales.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, Clarke pudo al fin matricularse en Kings College, en Londres, y dos años después se graduó, con las más altas calificaciones en ciencias físicas y matemáticas. Poseía ya los conocimientos científicos necesarios para escribir los cuentos que había venido componiendo desde edad temprana, y pronto empezó a vender sus relatos de ficción científica a las revistas más importantes.

Primer libro

Su primer libro fue Interplanetary Flight y se publicó en 1950, y desde entonces empezó a producir obras científicas serias y novelas científicas con profusión asombrosa. En la década de los sesentas, Clarke fue considerado el más conocido y el mejor pagado de todos los escritores de ciencia ficción en too el mundo.

Con el tiempo se casó y se divorció de su esposa norteamericana. Sin tener hijos, se mudó a una elegante sección de Colombo, capital de Ceilán. No fumaba, bebía muy de vez en cuando y era muy sobrio a la hora de comida

Profeta de su tierra

Además de poseer una impresionante diversidad de habilidades, hubo quien lo llamó el profeta de la conquista del espacio mejor conocido desde Julio Verne. Le gustaba sazonar sus predicciones con comentarios irreverentes. ¿Qué fue lo que, en la década de los 50, previó para la época futura?

El fin del automóvil con motor de gasolina (“podemos dar al petróleo un empleo mejor que quemarlo”). Esto es algo que ya está sucediendo.

El remplazo de la agricultura por la producción de proteínas obtenidas del petróleo mediante el uso de microorganismos (“suena poco apetitoso, pero así es como hemos venido produciendo el vino desde hace siglos”)

Una inversión extraordinaria de la explosión demográfica (“no veo razón para que pueblen la Tierra más de unos pocos millones de personas”)

El videoteléfono, que ya es una realidad.

Clarke sostenía que sus profecías, en apariencia locas, son generalmente conservadoras, y la historia viene en su apoyo. Entre 1951 y 1955, cuando los viajes espaciales se tenían aún por cosa de pura fantasía, predijo que el primer descenso en la luna se efectuaría en 1978. Aunque falló por nueve años de más, sigue siendo una muy buena conjetura. Lo curioso es que también llegó a predecir que el viaje de ida y vuelta a la Luna se lograría en 1968.

Las maravillas que Clarke llegó a ver convertidas en realidad, lo convencieron de que nuestro universo está lleno de prodigios increíbles, y reconoció que el predecir aunque solo sean algunos de esos prodigios fue un pasatiempo apasionante. “La naturaleza no entrega sus secretos tan fácilmente”, llegó a decir.

Algunas de sus profecías, aún hoy siguen siendo tomadas como consecuencia de una mente muy fantasiosa, o como diría alguien, todavía esta muy lejana la época cuando sean una realidad: como modificar con ingeniería genética animales para que trabajen como sirvientes inteligentes.

Clarke llegó a creer que cuando el hombre se aventure a las profundidades del espacio encontrará seres inteligentes. Dijo: “Ese contacto puede ser unilateral, mediante el hallazgo de ruinas o artefactos; puede ser bilateral, por medio de la radio o circuitos de láser; o puede ser cara a cara. Pero ocurrirá, y será el acontecimiento más trascendental de la historia humana”.

En su opinión, el hombre deberá continuar explorando el universo, sea lo que sea lo que haya de encontrar en el espacio. Una vez comentó: “Ya me carga un poco aquello de que para qué vamos a viajar a los planetas cuando todavía queda tanto por hacer en la Tierra. Aún había mucho por hacer en Europa cuando Colón se alejó del viejo continente, y todavía hoy falta mucho por hacer allí; pero el descubrimiento de un nuevo mundo liberó el pensamiento del hombre del prolongado letargo de la Edad Media y alimentó los fuegos del Renacimiento. Colón apareció justamente a tiempo. Yo creo que también las naves espaciales han llegado en el momento preciso”.

La más famosa de las profecías de Clarke que se han convertido en realidad, es la referente al satélite de comunicaciones. Poco después de la Segunda Guerra Mundial, siendo un joven oficial encargado del radar en la Real Fuerza Aérea británica, publicó en una revista de radio llamada Wireless World una descripción exacta de cómo tres satélites terrestres, colocados en altas órbitas, podrían servir como estaciones retransmisoras para llevar emisiones de televisión y de radio a todo el globo. Escribió que los satélites se tendrían que colocar a 35000 kilómetros sobre la Tierra y que el plano de sus órbitas tendría que coincidir con el ecuador. Viajarían a una velocidad de 11200 kilómetros por hora y darían una vuelta a la Tierra cada 24 horas. Como este es el período de rotación de la Tierra misma, los satélites permanecerían estacionarios sobre un punto dado de la superficie del planeta. Clarke llegó a decir que esta idea no causó reacción inicial alguna.

Justamente 20 años después, contó Clarke, estando en compañía del entonces vicepresidente de los Estados Unidos, Hubert Humphrey, presenció por televisión de circuito cerrado el lanzamiento y colocación en órbita, a 35760 kilómetros sobre el ecuador, de un satélite de 38.5 kilos, en forma de tambor, al que se dio el nombre de “Pájaro Madrugador”. Con ello se inauguró una nueva era en comunicaciones mundiales, en la forma que él había predicho.. la única recompensa que recibió por su concepto revolucionario fue el modesto cheque que le pagó la revista Wireless World por un artículo que tituló “Cómo perdí mil millones de dólares en mis horas libres”. Fue el satélite de comunicaciones el que hizo posible que alrededor del mundo se viera por televisión el vuelo espacial de la nave Apolo 8.

Clarke y Kubrik

De 1954 a 1955 se la pasó buceando sin escafandra a lo largo de los arrecifes de la Gran Barrera en Australia. En esa actividad se le reventó un tímpano, sin que por eso decayera su entusiasmo por el buceo. Creía que el mar llegaría a ser una fuente, cada vez más importante, de alimentos.

En 1964 el director Stanley Kubrik, que era un gran admirador suyo, lo convenció para que trabajaran juntos en 2001: Odisea del Espacio, película basada en un cuento de Clarke, “El Centinela”, del que se hizo después una novela de gran ventas. Para captar las encumbradas visiones del autor en cuanto al futuro de los vuelos espaciales, Kubrik empleó a 36 diseñadores técnicos, procedentes de 12 países. Los detalles de la producción del filme fueron tan complejos que hubo que establecer una sala de mando con una dotación de cuatro hombres para coordinar las actividades del cuerpo de producción, integrado por 106 personas. El resultado fue una de las películas más complicadas desde el punto de vista técnico, y visualmente, una de las más formidables de la historia.

Desde la terminación de la película, cuya producción tardo cuatro años, Clarke se entregó de nuevo a sus múltiples actividades, entre las que destacaban la producción de documentales para televisión. Aunque prefería escribir ciencia ficción, en vez de pura ciencia (tal vez debido a que aquella le ofrece mayor vuelo a su inquieta imaginación), fue aceptado como igual por eminentes científicos. Inclusive lo invitaban a hablar ante reuniones científicas. La Sociedad Interplanetaria Británica llegó a gozar de fama mundial en los círculos científicos, y Clarke sirvió como presidente dos veces.

Otras predicciones

Arthur C Clarke-02.jpg

Arthur_C._Clarke

Clarke predijo que muchos de los progresos más importantes serían obra de los satélites de comunicaciones. Sabía que la facilidad de comunicación rápida que se obtiene por medio de tales satélites acabaría con la necesidad de que la gente se reúna en las ciudades para sus transacciones de negocios. Previó el día en que un hombre de negocios, ya sea que se encuentre en Nueva York, en Londres o en México, podría sentarse ante un centro de comunicaciones del tamaño de un escritorio y cumplir toda una jornada de trabajo sin tener que salir siquiera de su casa.

Ha de llegar el día en que un cirujano del cerebro que viva en determinado lugar, pueda operar desde allí a pacientes situados en cualquier parte del mundo por medio de manos artificiales dirigidas a control remoto”, dijo Clarke.

Creyó que el papel más importante del satélite de comunicaciones consistirá en llevar la educación a millones de personas, mediante emisiones directas de televisión para escuelas o los hogares.

Véase también


P Científicos
Científicos no religiosos   Arthur C. ClarkeBill NyeCarl SaganDaniel C. DennettIsaac AsimovLawrence KraussRichard DawkinsSam HarrisVictor J. Stenger

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en Fandom

Wiki al azar