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Conspiranóicos

Las enfermedades, la práctica médica y la salud pública han sido, durante mucho tiempo, acusadas de conspiración en contra del público. Los historiadores de los siglos anteriores normalmente vinculan tales sospechas con la vulnerabilidad de un orden social amenazado por la inestabilidad o la guerra, y al misterio de las enfermedades antes de la era de la "medicina científica". A la vuelta del siglo XXI, los descubrimientos y tratamientos clave han transformado la medicina, y el público es bombardeado con un flujo constante de información relacionada con la salud realizada por los medios de comunicación.

Pero a pesar de estos avances en el conocimiento y el acceso a la información, las teorías conspiratorias relacionadas con la salud proliferaron en la segunda mitad del siglo XX. Puede ser que, en una cultura saturada de información médica, la incertidumbre y las vulnerabilidades del cuerpo son penetrantes y prominentes. Las teorías de la conspiración en la medicina también reflejan el aumento de las sospechas y el resentimiento hacia las entidades médicas influyentes que, desde mediados del siglo XIX, son cada vez más poderosas.

Precedentes históricos

El contagio fue reconocido mucho antes de que se identificaran los microbios. Los conspiranóicos de los siglos XVII al XIX decían que las enfermedades se debían a infecciones causadas por enemigos tanto extranjeros como nacionales. Durante el asunto de la brujería de Salem que culminó en los juicios de 1692 a 1693, se decía que las formas habituales de la enfermedad y la muerte era obra de las brujas, pero mucho más temible que las enfermedades conocidas eran las "aflicciones" especiales causadas por los ataques de posesión demoníaca que se consideraban altamente contagiosas. Los historiadores hacen hincapié en que la caza de brujas fue precedida por una serie de calamidades como la sequía, las inundaciones, la viruela, y las guerras indias, y que tuvieron lugar durante una pausa en la autoridad gubernamental y legal.

La epidemia de fiebre amarilla de Filadelfia en 1793 se produjo durante la vulnerable época republicana, que se caracterizó por el temor a una invasión francesa. Frente a la epidemia, los médicos de Filadelfia especularon que el contagio pudo deberse a la reciente avalancha de inmigrantes del Caribe, posiblemente como parte de un plan deliberado de los franceses.

Hubo una teoría de la conspiración sobre la pandemia de la gran gripe que coincidió con la Primera Guerra Mundial. Según esta, se creyó que hubo una conspiración alemana para propagar el contagio a través de tabletas de aspirina de Bayer, por lo que las autoridades de salud pública investigaron formalmente el medicamento importado.

El crecimiento de la "medicina científica" a principios del siglo XX dividió al laico del experto.

A mediados del siglo XX, el crecimiento de la química, la farmacéutica, y las industrias de servicios tecnológicos trajo consugo una participación cada vez mayor de los intereses privados y los fondos en de investigación y la medicina clínica académicas.

Comenzando en 1906, el gobierno de Estados Unidos se ha entrelazado formalmente con la salud y la política sanitaria. Desde 1970, Washington ha sacado una vasta red de agencias y centros relacionados con la salud, incluyendo el Departamento de Agricultura de EE.UU. y las agencias que operan dentro del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, que incluyen la Food and Drug Administration (FDA) y los Institutos nacionales de Salud. A través de estas organizaciones, el gobierno se ha involucrado en todos los aspectos de la prestación relacionada con la salud, la concesión de licencias, la regulación, la financiación, la política, la investigación, la educación y la publicidad.

El sector sanitario absorbe una gran cantidad de la economía nacional. Sin embargo, el cuidado de la salud de los consumidores, por su parte, se enfrenta a enormes costos y a una disminución del acceso a una atención de calidad.

Aunque la medicina siempre ha sido política en el sentido amplio -una fuente y uso del poder- para finales del siglo XX, la medicina era una faceta importante de la estructura de poder.

La medicina y las teorías de conspiración

Algunas teorías de la conspiración postulan una confabulación continua entre los intereses cruzados relacionados con la medicina.

El género de la "cura escondida", de las teorías de conspiración generales, alega que al público se les niega curas y tratamientos eficaces que el complejo médico-farmacéutica no considera suficientemente rentables. Un ejemplo destacado es la creencia de que, aunque la cura para el cáncer o el SIDA ha sido descubierto, médicos, investigadores, compañías farmacéuticas, los medios de comunicación, y la FDA han conspirado para suprimir la cura con el fin de seguir generando ganancias de los pacientes con cáncer o SIDA.

No hay evidencia plausible para las teorías de una cura escondida, las cuales fantasean hasta un grado inverosímil una confabulación a través de una amplia gama de instituciones, empresas privadas y profesiones. Pero no sorprende que tales pseudoteorías sean populares, dada la connivencia muy real y rentable del gobierno, la industria y las instituciones de investigación a expensas de los consumidores. Por ejemplo, en un mercado de productos farmacéuticos controlados por la FDA, la industria farmacéutica estadounidense disfruta de un poder cuasi-monopolio; y en 2001, los costos de los medicamentos con receta en EEUU -de costo mucho mayor que en otros países, como México, había llegado al pico del 16 por ciento en un solo año.

Teorías basadas en hechos

Muchas teorías de la conspiración crecen citando una revelación legítima, vinculándola a una situación preocupante de salud pública, y explica todo como una gran conspiración... a veces, aparentemente muy plausible. Estudios de seguridad de los pacientes, publicados en la década de 1990, citan datos que indican que 1 de cada 500 pacientes de los hospitales están gravemente heridos o murieron por error. Dado que existe un código de secrecía tradicional en la medicina, los investigadores de seguridad encontraron que la gran mayoría de las discapacidades y muertes iatrogénicas (causadas por los médicos) nunca son reportadas, ni siquiera dentro de los documentos internos del hospital. Los investigadores llegaron a la conclusión de que el verdadero porcentaje de pacientes del hospital fallecidos por un "error médico" es de 1 en 50.

Revelaciones de daños causados ​​por medicamentos recetados a menudo dan lugar a teorías sobre conocimiento previo y encubrimientos, o incluso sobre complots deliberados de inducir enfermedades con el fin de sacar provecho de su tratamiento. Hay paralelos en el área de la cirugía: por ejemplo, las respuestas a preguntas muy publicitadas sobre la eficacia y los riesgos de la cirugía de derivación coronaria han incluido acusaciones de cirugías innecesarias, así como una teoría general de que el tratamiento de las enfermedades del corazón es una gran industria en el que las cadenas de comida rápida y la agroindustria inducen de manera rentable la obesidad y el bloqueo arterial del corazón debido a que los intereses médicos y de medicamentos, los cirujanos de corazón, hospitales, y los fabricantes de dispositivos se benefician monetariamente.

Las ganancias monetarias son, por lo general, el motivo atribuido por las conspiraciones para diagnosticar y medicar, pero algunos pseudoteóricos postulan objetivos más siniestros, describiendo complots con el objetivo de debilitar la población con medicamentos que aturden la mente como el Prozac y el Ritalin; apaciguar a las mujeres a través de reemplazos hormonales "adictivos"; reducir la población afectando la fertilidad; y, en un período de inestabilidad económica, para mantener a las clases bajas en su lugar, engordándolos con la comida rápida.

Ciencia transgresiva

Las nuevas técnicas de laboratorio y nuevos inventos han dado lugar a una serie de escenarios con tintes de conspiración, incluyendo la acusación de que el proyecto del genoma humano está siendo utilizado para desarrollar patógenos dirigidos a poblaciones raciales específicas. Se especula con el miedo a patógenos nuevos creados en laboratorios, incluidos los agentes patógenos de origen animal que se cruzan a los seres humanos y superpatógenos producidos mediante manipulación genética. Los brotes de virus Hanta, la enfermedad del legionario, y algunas de las cepas de hepatitis más raras han sido seguidas por especulaciones de que los nuevos agentes peligrosos criados en el laboratorio han sido puestos en libertad de forma accidental o deliberada.

Estos temores crecen a partir de una ansiedad acerca de la ruptura de las fronteras entre las especies, entre la naturaleza y la ciencia, y entre individuos genéticamente distintos. Algunas teorías de la conspiración, a gran escala, sobre las enfermedades, a menudo armonizan esta ansiedad con una ansiedad por los límites geográficos y demográficos. En la era de la globalización, las fronteras ya no separan las poblaciones y las naciones. Libros populares publicados en la década de 1990 describen epidemias facilitadas por experimentaciones en laboratorio, médicos del jet set, la migración masiva, y los viajes internacionales.

Inmunización

Una de las venas populares más ricas de las teorías de conspiración se centra, como es lógico, en los programas de vacunación. Aunque los padres son libres de negarse a vacunar a sus hijos, las autoridades estatales, federales, y escolares ejercen una presión considerable. Los programas de inmunización desarrollados por el gobierno en connivencia con los fabricantes de vacunas (que se benefician en gran medida), y con el objetivo de incluir a todos los niños, representan, en una forma inmediata, los poderes combinados de gobierno, educación y comercio y se expresan a través de la intervención médica. El hecho de que se producen resultados adversos graves e incluso la muerte a partir de un pequeño porcentaje de las vacunas es ampliamente difundido y echa gasolina al fuego de las quejas sobre la coerción medicalizada y las especulaciones sobre un daño de mayor alcance.

Las pseudoteorías sobre la intención y los daños relacionados con la vacunación son ampliamente discutidos, especialmente en Internet. Las nuevas vacunas constantemente se están probando científicamente, pero a veces se alega que existe una experimentación encubierta: por ejemplo, hay una pseudoteoría de que una organización de mantenimiento de salud (HMO) en California testeó en secreto una nueva vacuna contra el sarampión en 700 niños de cierta minoría. El uso de las minorías como conejillos de indias resuena con el infame experimento médico Tuskeegee de la década de 1930. El experimento Tuskegee fue un estudio clínico poco ético llevado a cabo entre 1932 y 1972 en la ciudad estadounidense de Tuskegee (Alabama), por el Servicio Público de Salud de Estados Unidos. 600 aparceros afroestadounidenses, en su mayoría analfabetas, fueron estudiados para observar la progresión natural de la sífilis si no era tratada y si se podía llegar hasta la muerte.[1]

Oficialmente los reportes de "eventos adversos" tienden a ser inmediatamente evidentes, pero quienes cuestionan los programas de inmunización especulan sobre el daño a largo plazo, incluyendo problemas del desarrollo, síndrome de fatiga crónica, enfermedades autoinmunes, problemas neurológicos y trastornos del comportamiento y del aprendizaje y recientemente, autismo. Dado que las vacunas son patógenos modificados, algunos manifestantes antiinmunización utilizan una retórica de la pureza, quejándose de que los cuerpos "puros" de los niños son invadidos y contaminados por esta forma literal de intrusión gubernamental. Y no solo hablan de los patógenos en sí, sino que el Movimiento antivaxx también culpa a los ingredientes, como el timerosal que, según ellos, causa autismo en niños. Esto gracias a Andrew Wakefield, un ex doctor que fue expuesto por un artículo de investigación fraudulenta de 1998 en apoyo a la ya desacreditada tesis de que existe una relación entre la administración de la vacuna triple vírica (SPR, sarampión, paperas y rubéola) y la aparición del autismo y enfermedades intestinales

La inmunización amalgama varios aspectos inductores de paranoia hacia la medicina: la coerción por poder, la inclusión de toda la población, la invasión del cuerpo y el sistema familiar, y novedosos dispositivos que cambiarán para siempre el funcionamiento del cuerpo. La inmunización sirve a veces como la urdimbre en la que se tejen otras teorías de la conspiración. Por ejemplo, una teoría acerca de los implantes de biochips para el seguimiento y el control de la población converge con la fobia a la vacunación contra la viruela. Y es que existe otra pseudoteoría que dicta que las vacunas contra la viruela se utilizan para implantar microchips de identificación que supuestamente son útiles para detectar enemigos durante los períodos de malestar social.

Otra teoría utiliza la inmunización para vincular las estelas químicas con el virus del Nilo Occidental. Las estelas químicas dejadas por el escape de las aeronaves,, según los teóricos de la conspiración, son tóxicas y representan programas secretos de control mental o pruebas de armas. Citando los brotes del virus del Nilo Occidental y la enfermedad del legionario, y tomando nota de que las autoridades respondieron a Nilo Occidental mediante la pulverización de Nueva York con pesticidas cuestionables, un pseudoteórico postula que los brotes se debieron a los patógenos y toxinas liberadas mediante las estelas químicas en un experimento encubierto de inmunización masiva.[2]

Véase también

Referencias y ligas externas

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  1. «Syphilis Study at Tuskegee», artículo en inglés en el sitio web U.S. Public Health Service.
  2. Peter Knight. Conspiracy Theories in American History: An Encyclopedia. ABC-CLIO. 2003. ISBN 9781576078129
P Conspiranoias
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Véase también   Agustin de BarruelDerosIlluminatiJonestown (conspiración)Joseph McCarthyLyndon LaRoucheNegacionismo del HolocaustoNegacionismo del VIH/SIDAPelícula de ZapruderTeoría conspiratoria