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Edgar Cayce
Edgar Cayce
Información Biográfica
País USA
Estados Unidos
Lugar

Hopkinsville, Kentucky

F. de Nacimiento

18 de marzo de 1877

Fallecimiento

3 de enero de 1945

Información Personal
Ocupación

Psíquico, vidente, profeta y charlatán

Edgar Cayce fue un supesto vidente y psíquico estadounidense de quien se creía que poseía la habilidad de responder a preguntas sobre temas tan diversos como sanación, reencarnación, inmortalidad, espiritualidad, guerras, la Atlántida y futuros acontecimientos mientras se encontraba en un estado hipnótico de trance[1].

A Edgar Cayce, se le atribuye haber efectuado diagnósticos exactos y haber recetado curas para pacientes distantes que le enviaban cartas -y esto a pesar de no contar con casi ninguna información sobre ellos. Cayce también es famoso por sus "lecturas de la vida", descripciones de vidas anteriores y actuales de personas a partir únicamente de sus nombres. Afirmaba que todo se hacía mientras dormía y que nunca recordaba una sola palabra de lo que había dicho mientras estaba en trance.

La Asociación para la Investigación y la Iluminación (Association for Research and Enlightenment) es el resultado de todo eso y su biblioteca de treinta mil ejemplos de casos es un material que deleita a los más crédulos. Además, las racionalizaciones utilizadas por Cayce y sus partidarios para explicar sus numerosos y notables fracasos constituyen ejemplos fundamentales del arte de la evasión.

Cuando murió en 1945, ya había alcanzado el estrellato psíquico y su reputación había crecido seriamente. El actual renacimiento del interés por lo irracional provocó la aparición de más de una docena de libros -y las reimpresiones de viejas obras- que exageran sus maravillas.

Cayce es recordado por sus éxitos aparentes, no por sus fracasos (efecto Jeane Dixon). Los discípulos recuerdan muchos miles de casos en los que este "maestro psíquico" diagnosticó de forma correcta enfermedades y acertó con las curas adecuadas. ¿Pero realmente es así? Sobre los seguidores de Cayce hay que señalar que se muestran muy desvergonzados respecto a la miríada de medias verdades, el lenguaje evasivo y confuso y las múltiples digresiones utilizadas por éste en sus lecturas. En algunos casos estos defectos se manifestaban claramente sin ningún intento por disimularlos. Pero tal es la naturaleza del fanático que no importan lo concluyentes que sean las pruebas de los documentos. Su fe no se conmueve por ello.

A Cayce le gustaban las expresiones tales como "siento que..." y "quizás", palabras que usaba para evitar declaraciones positivas. Es una herramienta común en este tipo de actividad. Muchas de las cartas recibidas -en realidad la mayoría- contenían detalles específicos acerca de las enfermedades para las que se requería la lectura y no había manera de evitar que Cayce conociera el contenido de las cartas y presentara esa información como si fuera una revelación divina. Los métodos resultan obvios. Es meramente una versión especializada de la técnica de "generalización" de los adivinos.

Las "curas" de Cayce eran muy graciosas. Le encantaba que sus pacientes hicieran hervir las raíces más oscuras para hacer los jarabes más detestables. Quizá la terapia se basaba en asquear tanto a la víctima que la enfermedad original se olvidaba. Y no es un secreto que sus curas eran muy similares a los "remedios caseros" descritos en las prácticas enciclopedias médicas que eran la lectura de cabecera de muchos hogares rurales a finales del siglo XIX. El caldo de carne era uno de los remedios favoritos de Cayce para enfermedades tan diversas como la gota y la leucemia.

¿Pero se produjeron realmente curas con todo esto? Es algo difícil de probar. El testimonio de algunos de sus pacientes difícilmente representa el conjunto. Los pacientes fallecidos no pueden quejarse y aquellos que no fueron curados se beneficiarían poco escribiendo una carta de reclamación. Después de todo, ese buen hombre trató de ayudarlos y sólo porque no funcionó en algunos casos no había motivo para destruir el proceso. En cuanto a aquellos que escribieron para afirmar que habían sido curados, hay que tener en cuenta un factor importante.

El hecho es que sólo porque Cayce recetara una raíz hervida no significa que ese curalotodo lograra la cura señalada. Tampoco tendríamos que olvidar que muchas de las enfermedades diagnosticadas por los médicos son totalmente imaginarias o desaparecen por si solas.

¿Pero pueden los escépticos probar que las curas de Cayce son atribuibles a causas normales? Se necesitaría una enorme suma de dinero para llevar a cabo una investigación completa y profunda y, de todos modos, en la mayoría de los casos la información no estaría disponible. Francamente, los diagnósticos y curas vagos, evasivos y simplistas atribuidos a Edgar Cayce difícilmente requieren dicha investigación. El examen de los antecedentes que se encuentran a mano es más que suficiente para negarle la santidad. La organización fundada y financiada por él sobrevive en la actualidad como resultado de la fe y no gracias a una prueba adecuada.

En un libro revelador titulado The Outer Limits of Edgar Cayce's Power de E.V. y H.L. Cayce, se disculpan, como siempre, de sus notables fracasos. Los autores nos aseguran con firmeza que el libro, aunque admite los fracasos, los explica todos de forma satisfactoria. Lo siguiente es, con las palabras de Cayce reducidas a lo esencial, lo que él adivinó en estado de trance acerca del caso del secuestro de Hauptmann/Lindbergh:

  1. El bebé fue secuestrado a las 8.30 hrs (no se especifica si fue por la mañana o por la noche) de la casa de Lindbergh por un hombre. Otro hombre lo tomó y una tercera persona estaba esperando en el coche.
  2. El bebé fue llevado a una casa pequeña, de color marrón, de dos pisos, en una zona industrial llamada Cardova, cerca de New Haven. La casa solía ser de color verde.
  3. Se menciona la calle Schartest; también la calle Adam, a la que habían puesto ese nombre y los números recientemente.
  4. La casa tiene tejas. Tres hombres y una mujer están con el niño. La mujer y un hombre fueron nombrados.
  5. Al niño le cortaron y tiñeron el cabello.
  6. Cardova está relacionada con la fabricación de artículos de cuero.
  7. Se mencionan una pizarra roja y una ruta recién asfaltada en una "media calle" y a "800 metros".
  8. El niño fue llevado a Jersey City y no está bien.
  9. Hauptmann sólo es "parcialmente culpable". Cayce solicita que "no se haga publicidad sobre este caso".

Desafortunadamente, esa información, en su mayoría es errónea. Es verdad que se encontró la calle Adam y que se le había puesto ese nombre hacía tan sólo unas pocas semanas. Pero Cayce dispuso de esa información durante uno de sus poco frecuentes períodos de vigilia. Además, la calle Adam resultó ser un fiasco. "Siempre tuve mis dudas acerca de la autenticidad de esos asuntos", afirmó Cayce cuando se enfrentó con los hechos. Pero tendríamos que darles una oportunidad a los discípulos (y a Cayce) de racionalizar este hecho. A continuación una lista de sus excusas:

  • Las lecturas recogieron los planes mentales de otras personas que también habían planeado secuestrar al bebé de Lindbergh. (Mala puntería psíquica.)
  • Los pensamientos de las otras personas involucradas distorsionaron las lecturas.
  • Las interferencias mentales eran muy densas.

¡No sorprende que Cayce solicitara que no hubiera publicidad! Fue un gran fiasco y había fracasado totalmente. Pero esas excusas son aceptadas por los creyentes, hasta el día de hoy, como legítimas.

Cayce hizo diagnósticos incluso cuando los "pacientes" estaban muertos. Sin duda, la muerte es un síntoma serio y debería poder detectarse. Pero no tuvimos en cuenta la ingenuidad de las personas en los ejemplos siguientes.

Un lunes, Cayce ofreció una lectura para una niña que había muerto de leucemia el domingo, el día antes. La carta había sido escrita cuando la niña estaba viva. Él ofreció un diagnóstico largo y característico, y una cura dietética prolongada y complicada. Un resumen de la lectura bastará para mostrar qué grado de lucidez e información alcanza: "Y eso depende de si una de las cosas que se quiera hacer hoy se hace o no se hace, ¿entiende?".

Otro ejemplo más de las hazañas médicas de Cayce a otro paciente muerto. A este, Cayce le recetó la siguiente mezcolanza nociva: hierva conjuntamente corteza de cerezos silvestres, raíz de zarzaparrilla, jengibre silvestre, nabo indio, ginseng silvestre, corteza espinosa de fresno, hojas de buchú y raíz de mandragora. Añada alcohol de cereales y bálsamo de tolú. Tómeselo, en los períodos de vigilia, durante diez días.

En relación con esto aparecen nuevas argumentaciones. Los discípulos de Cayce afirman lo siguiente sobre este caso:

  1. No se hizo ninguna cita bien definida para esta lectura.
  2. La persona que dirigía la lectura sostenía la carta -escrita mientras el paciente aún estaba vivo- en su mano durante la lectura.
  3. La paciente no solicitó la lectura; no había, de esta manera, una fuerte necesidad de su parte.
  4. Ese día, Cayce estaba emocionalmente perturbado.

El Profeta Durmiente, como también se le conocía, tenía otro supuesto poder, que siempre es mencionado en las discusiones como prueba "contundente" de su capacidad. Encontrar tesoros enterrados es un campo que parece algo alejado de la posibilidad del fraude. Después de todo, si un "psíquico" puede encontrar un tesoro perdido u oculto, el fraude parece ser algo imposible. En sus intentos para alcanzar ese milagro, Cayce no quiso arriesgarse. Para ello, convocó a Henry Gross, el famoso "zahori" que puso en funcionamiento su varilla en forma de horquilla junto a los poderes de Cayce para descubrir los supuestos millones en joyas y monedas enterrados a lo largo de la orilla del mar. La conjunción de Gross y Cayce equivalía a salir al mar con un barco agujereado y arrojarlos por la borda en el último minuto con chalecos salvavidas de hierro.

Presumiblemente, Edgar Cayce dormitaba mientras Henry Gross sacudía la varilla. Excavaron toneladas de lodo, arena y grava, miraron debajo de las rocas y degradaron el paisaje de forma horrorosa. No había ningún tesoro. Semanas de trabajo inútil. ¿Cómo pudo fracasar en la localizacion del botín un equipo tan poderoso compuesto por un psíquico y un zahori? Los fabricantes de coartadas siempre tienen a mano alguna explicación adecuada:

1. Las impresiones psíquicas captadas provenían de espíritus de indios y piratas difuntos, y se sabe que esas sombras poco fiables se divierten haciendo bromas a los seres vivos. 2. Quizás el tesoro había estado allí pero alguien ya lo había encontrado. Cayce estaba leyendo nuevamente en el pasado. 3. Había dudas, temores y malentendidos entre los buscadores. 4. ¿La orientación dada por Cayce se basaba en el verdadero norte o en el norte de la brújula?

El asunto de Edgar Cayce queda reducido a una imprecisa masa de datos seleccionados e interpretados por verdaderos creyentes que tienen mucho interés en la aceptación de esos hechos. Sometido a prueba, se descubre que Cayce está privado de poderes reales. Su reputación se basa hoy en informes endebles y engañosos de las "proezas" llevadas a cabo por él y sus seguidores, hechos que no se mantienen en pie ante un examen cuidadoso. La conclusión es inevitable. Nada es verdad.

Véase también

Referencias y ligas externas

P
Charlatanes típicos
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