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Gillian McKeith
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Gillian McKeith

Gillian McKeith (28 de septiembre de 1959) es una nutricionista de origen escocés, presentadora de televisión y escritora pseudocientífica. Es una multimillonaria empresaria del negocio de las pastillas y nutricionista clínica. (Uno debe referirse a ella por su titulación médica completa: Sra. Gillian McKeith).

Trabajo

McKeith es un imperio comercial, una celebridad del prime time televisivo y una autora de best sellers editoriales. Cuenta con su propia gama de alimentos y polvos mágicos, tiene pastillas para provocar erecciones y su rostro figura en todos los comercios de alimentos naturales y productos dietéticos de Gran Bretaña. Los políticos conservadores escoceses quieren que asesore al gobierno. La Soil Association le concedió un premio por su labor educadora del público. Pero para cualquiera que sepa aunque sólo sea un mínimo de ciencia, esta mujer no es más que una farsante.

Lo más importante que cabe reconocer en todo esto es que no tiene nada de nuevo. Aunque al movimiento nutricionista contemporáneo le gusta presentar lo que hace como una actividad absolutamente moderna y basada en pruebas, la industria de los gurús de la alimentación —con sus promesas estrafalarias, su tono moralizador y sus obsesiones sexuales— se remonta, al menos, dos siglos atrás.

Clorofila y oxigenación

Lo verdaderamente preocupante es que McKeith constituye una amenaza para la adecuada comprensión de la ciencia entre el público en general. Tiene un programa de televisión sobre nutrición en uno de los principales canales del país y en horario de máxima audiencia, pero eso no es óbice para que, al parecer, malinterprete, no ya ciertos matices, sino los aspectos más básicos de la biología: cosas en las que cualquier escolar sabría corregirla.

McKeith tenía un espacio en el Canal 4 del Reino Unido, en el programa "You Are What You Eat" y allí se presentaba como una autoridad académica y científica en nutrición —una «nutricionista clínica»— que vestía bata blanca, posaba en laboratorios rodeada de tubos de ensayo y hablaba de diagnósticos y moléculas. También se citaba allí algo que ella había dicho y que cualquier estudiante de biología de secundaria sería capaz de calificar de puro absurdo: concretamente, recomendaba el consumo de espinacas y de las hojas más oscuras de las plantas por su mayor contenido en clorofila. Según McKeith, ésas son hojas «ricas en oxígeno» y, por lo tanto, «oxigenan mucho la sangre». Y la «doctora» ha reiterado dicha afirmación en todos sus libros.

La verdad

La clorofila es una pequeña molécula verde que se encuentra en los cloroplastos, fábricas en miniatura insertas en las células de las plantas, que toman la energía de la luz solar y la usan para convertir el dióxido de carbono y el agua en azúcar y oxígeno. Mediante este proceso, conocido como fotosíntesis, las plantas almacenan la energía de la luz del sol en forma de azúcar (de elevado contenido en calorías), y luego pueden usar la energía de ese azúcar para fabricar todas las demás sustancias que necesitan: proteínas, fibra, flores, granos de maíz con los que revestir las mazorcas, corteza, hojas, trampas fascinantes para cazar moscas, curas contra el cáncer, tomates, etéreas flores de diente de león, castañas, chiles y todas las demás cosas asombrosas que suceden en el mundo de las plantas.

Mientras tanto, los seres humanos respiran el oxígeno que las plantas despiden durante ese proceso —y que es, esencialmente, un subproducto de su fabricación de azúcares— y también comen esas plantas o los animales que se alimentan de esas plantas, o se fabrican analgésicos con corteza de sauce, o se hace cualquiera de las muchas y fascinantes cosas relacionadas con el susodicho mundo de las plantas. También los humanos y animales emiten dióxido de carbono al respirar, y las plantas pueden entonces combinar ese dióxido con agua para fabricar más azúcar aprovechando la energía de la luz solar. Y, así, el ciclo continúa.

¿La clorofila es «rica en oxígeno»? No. Ayuda a fabricar oxígeno, mediante exposición a la luz del sol. Y el interior de nuestros intestinos está muy oscuro. De hecho, si en algún momento llegara a haber alguna luz en ellos, es que algo está yendo muy mal. Así que ninguna clorofila que se pueda ingerir servirá para crear oxígeno, y aun en el imposible caso de que sí sirviera (es decir, si la Sra. Gillian McKeith les introdujera un reflector por el trasero para convencerles de que tiene razón, y la ensalada que hubieran ingerido unos minutos antes empezara a fotosintetizar después de que ella hubiera hinchado sus tripas con dióxido de carbono insuflado a través de un tubo para dar a los cloroplastos algo con lo que trabajar, y si —por algún extraño milagro— ustedes empezaran realmente a producir oxígeno ahí dentro), tampoco podrían absorber ninguna cantidad significativa de ese gas a través de sus intestinos, pues éstos están adaptados para absorber alimento. Son sus pulmones los que están optimizados para absorber oxígeno. En resumidas cuentas, en los intestinos no hay oxígeno.

Entonces, ¿quién es esa persona y cómo llegó a enseñar cosas sobre la dieta en un programa de televisión en horario de máxima audiencia y en un canal nacional en abierto? ¿Qué clase de titulación universitaria en ciencias posee para cometer errores tan básicos que hasta un escolar podría reconocer? ¿Fue aquél un error aislado, un lapsus excepcional? La realidad es que no.

En el libro titulado Miracle Superfood, que, según nos explica el editor, es la versión publicada de su tesis doctoral. «En experimentos de laboratorio realizados con animales anémicos, se ha observado que el recuento de glóbulos rojos en la sangre ha vuelto a niveles normales en cuestión de cuatro o cinco días tras habérseles administrado clorofila», escribió allí.

La referencia que cita para tales datos experimentales es una revista titulada Health Store News [Noticias de tiendas de salud]. «En el corazón —continúa ella—, la clorofila ayuda en la transmisión de los impulsos nerviosos que controlan la contracción.» Una afirmación, ésta, para la que se cita como referencia el segundo número de una revista llamada Earthletter [Carta de la Tierra]. Es evidente que esta revista de supermercado no constituye una fuente apropiada como referencia para semejante afirmación. Y ésta era su tesis doctoral, recuerden.

Más gazapos

De hecho, no sólo comete el mismo error en numerosos pasajes más, sino que su concepción de —incluso— los elementos más fundamentales de la ciencia está profunda y chocantemente distorsionada. En su libro You Are What You Eat (pág. 211), dice:

«Cualquier semilla en germinación encierra en su reducido tamaño toda la energía nutricional necesaria para crear una planta plenamente desarrollada y sana».

He aquí algo que, ciertamente, cuesta seguir. ¿Acaso un roble adulto y sano, de treinta metros de alto, contiene la misma cantidad de energía que una diminuta bellota? No. ¿Una planta de caña de azúcar plenamente desarrollada y sana contiene la misma cantidad de energía nutricional que una semilla de caña de azúcar? Tampoco.

Este error parece casi del mismo calibre que el de la fotosíntesis, porque esa energía adicional necesaria para que una planta crezca hasta su pleno desarrollo adulto procede, precisamente, de la función clorofílica.

McKeith asegura que es capaz de detectar un linfedema (la inflamación de los tobillos debida a una retención de fluido) y casi hace lo correcto para detectarlo. Como mínimo, coloca los dedos más o menos sobre el lugar correcto, pero sólo se detiene ahí medio segundo antes de anunciar triunfalmente su diagnóstico. En la segunda edición del manual Clinical Examination, de Epstein y De Bono explica que para examinar una zona del cuerpo en busca de un linfedema, hay que presionar firmemente sobre ella durante unos treinta segundos, para comprimir con suavidad el fluido exudado por los tejidos, e, inmediatamente después, retirar los dedos y comprobar si éstos quedan allí marcados.

Veamos más:

  • Declara que la lengua es «una ventana a los órganos; su lado derecho muestra cómo está la vesícula biliar y su lado izquierdo, cómo anda el hígado». Las marcas cutáneas vasculares en el rostro son un síntoma de «insuficiencia de enzimas digestivas: su cuerpo le pide a gritos enzimas alimenticias». Gracias a Dios, Gillian puede venderles algunas de esas enzimas alimenticias en su propio sitio web.
  • «Las manchas de excrementos en la ropa interior un síntoma de exceso de humedad en el interior del cuerpo, un problema muy común en Gran Bretaña». Si sus heces huelen mal, entonces ustedes «necesitan desesperadamente enzimas digestivas».
  • La orina turbia es «síntoma de que el cuerpo tiene demasiada humedad y un exceso de acidez debido a la ingestión de alimentos poco apropiados».
  • El bazo es nuestra «batería de energía».

Así pues, se ha visto una serie de hechos científicos —muy básicos, por cierto— sobre los que la doctora McKeith parece andar errada. Recuerda mucho a otra charlatana pseudocientífica de nombre Ellen G. White .

Sanciones

En 2007, McKeith recibió una reprobación de la Agencia Reguladora de los Medicamentos y los Productos Sanitarios por vender toda una gama de píldoras herbales sexuales, de bastante dudoso gusto, llamada Fast Formula Horny Goat Weed Complex [Complejo de Hierbas de Fórmula Rápida de la Cabra en Celo], que se anunciaban como favorecedoras de la satisfacción sexual (según los resultados de un «estudio controlado») y que se vendían atribuyéndoseles propiedades medicinales explícitas. Su venta fue ilegalizada en el Reino Unido. A McKeith se le ordenó que retirara los productos a la venta de inmediato. Ella obedeció la orden —se enfrentaba, si no, a un proceso penal— pero su sitio web anunció que las píldoras sexuales habían sido retiradas en cumplimiento de «las nuevas leyes sobre li- cencias de la Unión Europea respecto a los productos herbales».

Otro producto, The Wild Pink Yam (Ñame Rosa Salvaje), comercializado por McKeith Research Ltd., nunca llegó a ser de venta legal en el Reino Unido.

Credenciales laborales

Ella ha declarado (de forma reiterada y a quien quiera oírla) que participa en investigaciones clínicas científicas. Sería razonable suponer que McKeith ha sido claramente catalogada por todos como una especie de terapeuta alternativa heterodoxa. En Channel 4, en el sitio web de McKeith, en la empresa que administra sus actividades y en los libros de esta autora se nos presenta sistemáticamente y desde el primer momento a esta «pseudodoctora» como una autoridad científica en materia de nutrición.

Muchos espectadores de su programa de televisión supusieron, como era natural, que era una doctora en medicina. Allí estaba, examinando a pacientes, realizando e interpretando análisis de sangre, ataviada con una bata blanca, rodeada de tubos de ensayo: «la doctora McKeith», «la doctora de la dieta», con sus diagnósticos, sus terminantes comentarios sobre tratamientos, su uso de compleja terminología científica pronunciada con toda la autoridad de que podía hacer acopio, y su manía de introducir en el recto de la gente (de forma tan amable como invasiva) material de irrigación diverso.

Su título es el aspecto más divertido y memorable de la misma, sí, pero la acción de verdad se desarrolla en el terreno de si McKeith es realmente capaz de comportarse como la académica en ciencia nutricional que afirma ser.

Y el carácter académico de su trabajo es digno de admiración, aunque por los motivos equivocados. Acostumbra a producir largos documentos con supuestas referencias eruditas en los que se habla de ensayos, estudios, investigaciones y artículos... Pero cuando uno trat de seguir esos números para comprobar las referencias, resulta que que no son lo que ella afirmaba que eran en el cuerpo de texto de su libro o de su artículo, o de lo habitual que resulta que nos remitan a pequeñas revistas y libros raros, con títulos como Delicious [Delicioso], Creative Living [Vida creativa], Healthy Eating [Comida saludable] o Spiritual Nutrition and the Rainbow Diet [La nutrición espiritual y la dieta del arco iris], en vez de a revistas académicas, que es lo que uno esperaría ver.

La forma del trabajo pseudoacadémico de McKeith es superficialmente correcta: ahí están los superíndices numéricos, los vocablos técnicos dispersos, los comentarios sobre investigaciones, ensayos y resultados... pero falta la sustancia.

Credenciales "académicos"

Está también el tema de su currículo. El doctorado de la «doctora» McKeith es por el Clayton College de Salud Natural, una universidad no acreditada como tal de cursos por correspondencia, que, cosa muy poco habitual en una institución académica (mismo pasa con Kent Hovind), también vende su propia gama de pastillas de vitaminas a través de su sitio web.

El máster de McKeith también es por tan augusta institución. A los precios actuales fijados en Clayton, las tasas y la matrícula del doctorado cuestan unos 6,400 dólares, y las del máster son un poco más baratas, pero si se pagan ambas a la vez, se obtiene un descuento de 300 dólares (y si realmente quiere tirar la casa por la ventana, tienen un paquete de oferta especial para ustedes: dos doctorados y un máster por 12,100 dólares, todo incluido).

En su currículo vítae, publicado en el sitio web de su compañía administradora, McKeith asegura tener un doctorado (PhD) por el American College of Nutrition (institución de bastante reconocido prestigio). Preguntado al respecto, el representante de la «doctora» explicó que aquello no era más que un error, cometido por un chico español en prácticas que colgó el currículo equivocado en la página. De todos modos, el lector atento tal vez haya reparado en el hecho de que esa misma autoatribución de un doctorado por el American College of Nutrition figuraba ya en uno de los libros que la autora había publicado varios años antes.

En 2007, un usuario presentó una queja contra McKeith ante la Autoridad de Estándares Publicitarios británica, por usar el título de «doctora» basándose únicamente en una cualificación obtenida a través de un curso por correspondencia de una universidad estadounidense no acreditada... y ganó. La AEPB opinó que la publicidad de McKeith infringía dos disposiciones del código del Comité de Prácticas Publicitarias: la de la «verificación» y la de la «veracidad». La doctora McKeith eludió en el último momento la publicación de un fallo preliminar condenatorio por parte de la AEPB al aceptar —«voluntariamente»— dejar de llamarse a sí misma «doctora» en su publicidad a partir de aquel momento. Una copia de aquel fallo preliminar dice explícitamente que las personas que vieran los anuncios tendrían la expectativa razonable de creer que McKeith está en posesión de una titulación universitaria del ámbito médico o de un doctorado en otra disciplina relacionada obtenido en una universidad acreditada, cosa que no es cierta.

Amenazas contra la verdad

Una bloguera llamada PhDiva escribió unos comentarios relativamente inocentes sobre los nutricionistas en los que mencionó a McKeith, recibió una carta de Atkins Solicitors (un bufete de abogados «especializado en reputación y gestión de marcas») en la que se le amenazaba con emprender costosas acciones judiciales contra ella.

Google también recibió una amenazante carta de los asesores legales de McKeith simplemente por haber incluido un enlace a una recóndita página web sobre ella.

McKeith también ha amenazado con emprender acciones judiciales contra un sitio web la mar de divertido llamado Eclectech por mostrar un dibujo animado de ella cantando una ridícula canción más o menos por la misma época en que ella apareció en Fame Academy (la Operación triunfo británica).

La mayoría de estas batallas legales giran en torno a la cuestión de sus cualificaciones, aunque ese tema no debería ser difícil ni complicado de comprobar. Si alguien quisiera verificar las titulaciones o afiliaciones de un profesional o un científico, sólo tendría que llamar a las instituciones en cuestión y obtendría de ellas confirmación al instante. Pero alguien quisiera contactar con el Australasian College of Health Sciences (de Portland, Oregón), donde McKeith tiene un «diploma pendiente (de entrega) en medicina herbal», les dirán que no pueden revelarles nada acerca de sus estudiantes. Y si se trata contactar con el Clayton College of Natural Health para preguntarles dónde se puede leer la tesis doctoral de McKeith, les dirán que no es posible hacer tal cosa.

Investigaciones espúreas

Por desgracia, McKeith, y a pesar de las amplísimas «investigaciones» que dice haber realizado, jamás ha publicado nada en una revista académica de las recogidas en PubMed y que cuente con un sistema de selección por revisión externa entre iguales— no aceptó aquel ofrecimiento para colaborar en una investigación con todo un profesor de Nutrición. En vez de eso, John Garrow recibió una llamada del abogado (y marido) de McKeith, Howard Magaziner, acusándolo de difamación y prometiendo emprender acciones judiciales contra él. Garrow, un académico inmensamente afable y tranquilo, despachó la cuestión con estilo. Según su testimonio: «Le dije: “Demándeme”. Y aún sigo esperando».

Hay aún un tema crucial que no hemos cubierto todavía. Y es que, pese a cómo parece reaccionar ante las críticas o ante el cuestionamiento de sus ideas; pese a sus píldoras ilegales para el pene; pese a repartir consejos «científicos» enfundada en una bata blanca; a pesar de la dudosa calidad del trabajo que presenta como si fuera de nivel «académico», aún hay mucha gente que piensa: «Podrán decir lo que quieran sobre McKeith, pero ha ayudado a mejorar la dieta de todo un país».

La doctora McKeith, cuando alguien no está de acuerdo con ella, declara:

«¿Cómo dice? ¿Discrepa conmigo? ¿Ha pasado usted años realizando investigaciones clínicas, trabajando con pacientes, dando conferencias, impartiendo cursos, estudiando los aceites omega presentes en el lino, obteniendo datos a escala mundial, compilando una de las mayores bibliotecas privadas sobre salud de todo el planeta, y escribiendo extensamente sobre el tema? ¿Es usted un científico, un bioquímico o un botánico, o ha dedicado usted toda una vida a estudiar la comida y la bioquímica como he hecho yo? ¿Dónde está su autoridad científica?». «¿Es también especialista en alimentación o bioquímica nutricional?».

~Gillian McKeith
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