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Pseudoterapias
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en medicina

La herbolaria es el uso tradicional de plantas, hierbas, extractos de estas para empleo en en el tratamiento y la prevención de toda una serie de enfermedades. La medicina herbolaria, mal llamada fitoterapia (debido a que esta clase es al menos más científica), es una de las formas más antiguas y más extendidas de tratamiento médico.

Aunque no es una pseudoterapia completa, ya que existen tratamientos probados, aún sigue habiendo charlatanes que promueven curas a enfermedades que no se ha demostrado sean susceptibles al uso de remedios herbolarios.

Los remedios herbolarios y tradiciones locales, siguen desempeñando un papel importante en la asistencia sanitaria en Asia y África. En las últimas décadas esta forma de tratamiento se ha convertido en una de las de más rápido crecimiento en el resto del mundo.

Las sociedades de todo el mundo utilizan el ensayo y error para desarrollar sus propios cuerpos de conocimientos médicos sobre la base de plantas locales, con el curandero tribal en calidad de experto y proveedor de medicamentos. Cada generación de sangomas y chamanes ha acumulado una cantidad mayor de información sobre los remedios naturales que crecen a su alrededor, por lo que la medicina a base de hierbas se convirtió en un sistema de atención de la salud de importancia. Luego, en el siglo XVIII, la medicina herbal de repente entró en una nueva era cuando empezó a ser investigada por científicos que trataron de mejorar el botiquín de la naturaleza.

Antecedentes

Heart Bulletin

El Dr. William Withering, una herbolaria y la dedalera. Portada de la revista Heart Bulletin publicada en la edición de marzo-abril de 1952.

En 1775 el médico británico William Withering se unió al personal del Hospital General de Birmingham y poco después su carrera en la medicina, combinada con su interés por la ciencia, dio lugar a una importante investigación sobre los beneficios médicos de la planta dedalera (Digitalis purpurea), también llamada digital. Durante mucho tiempo se ha sabido que la digital podría ser utilizada para tratar la hidropesía, una inflamación asociada con la insuficiencia cardíaca congestiva, pero Withering se pasó nueve años documentando meticulosamente su impacto en un total de 156 pacientes. Antes de 1785, el tratamiento se limitaba a llevar a cabo sangrías, prescribir purgantes, ingesta de ajo, de vino medicinal o cerveza, y la extracción del líquido ascítico.[1] Withering, en sus experimentos, varió la manera en que se preparaba la digital, alterado las dosis con el fin de aprender cómo maximizar los beneficios de la hierba y minimizar sus efectos secundarios. Por ejemplo, se enteró de que la hoja seca en polvo de digital era cinco veces más eficaz que una hoja fresca; que hervir la hoja debilita su impacto en el paciente; y que el uso excesivo de la planta podría provocar náuseas, vómitos, diarrea y una tendencia a ver el mundo con un tinte de color amarillo-verdoso.

Withering publicó su investigación en 1785 en un libro titulado Un recuento sobre la dedalera y algunos de sus usos médicos.[2] Su informe pone de relieve su enfoque riguroso e imparcial para analizar la digital. La investigación de Withering marca un punto de inflexión en la historia de la medicina a base de hierbas, dándole una actitud más sistemática y científica. Una a una, las hierbas tradicionales fueron sometidos a escrutinio. Un buen ejemplo de este nuevo enfoque racional es la forma en que los científicos aprovecharon el potencial de la corteza del árbol de la quina, que durante mucho tiempo había sido utilizada por los indios del Perú para tratar la malaria. Los sacerdotes jesuitas aprendieron de sus poderes curativos en la década de 1620 y es debido a esto que se le conoció como corteza de los jesuitas. Esta corteza era muy apreciada en gran parte de Europa.

Los herbolarios prepararon la corteza de quina para uso médico por simple secado para luego molerla hasta formar un polvo fino. Fue este polvo el que inspiró a Samuel Hahnemann a inventar la homeopatía, una pseudociencia que hoy continúa. Los científicos, sin embargo, pensaron que podía maximizarse su potencial. Los académicos especularon que sólo un componente de la corteza era médicamente activo e intentaron aislar a ese componente para después entregarlo en una forma más concentrada y potente. No fue hasta 1820 que dos químicos franceses, Pierre-Joseph Pelletier y Joseph-Bienaimé Caventou, aislaron un compuesto al que llamaron quinina, nombre basado en la palabra Inca para el árbol de la quina. A partir de entonces, los científicos podrían estudiar adecuadamente en detalle los efectos de esta sustancia contra la malaria y optimizar la forma en que podría ser utilizada para salvar vidas.

Pocos años los científicos centraron su atención en la corteza de sauce, que había sido utilizado para reducir el dolor y la fiebre durante miles de años. Una vez más, se identificó con éxito el ingrediente activo, esta vez nombrarlo salicina, basado en salix, la palabra latina para el sauce. En este caso los químicos tomaron la droga de la naturaleza e intentaron modificarla y mejorarla, impulsados por el conocimiento de que la salicina era tóxica. Tomada ya sea en su forma pura o en la corteza de sauce, se sabe que la salicina causa problemas gástricos especialmente perjudiciales, pero los químicos eliminaron en gran medida este efecto secundario mediante la transformación de la salicina en otra molécula estrechamente relacionada conocida como ácido acetilsalicílico. La Compañía Bayer en Alemania comenzó la comercialización bajo el nombre de Aspirina en 1899, y dio inicio a su campaña de promoción por escrito a 30,000 médicos de toda Europa en el primer envío masivo de correo en la historia farmacéutica.

La medicina herbolaria es diferente de la acupuntura y la manipulación quiropráctica, ya que estas terapias han tenido dificultades para ser aceptadas por la medicina convencional, en parte porque sus filosofías subyacentes y sus variadas afirmaciones pseudocientíficas entran en conflicto con nuestra comprensión científica de la anatomía, fisiología y patología. Por el contrario, las plantas contienen un complejo cóctel de productos químicos farmacológicamente activos, por lo que no es sorprendente que algunos de ellos puedan tener un impacto en el bienestar humano. En consecuencia, la medicina herbal ha sido adoptada por la ciencia en un grado mucho mayor que los otros tratamientos mencionados anteriormente.

De hecho, gran parte de la farmacología moderna ha evolucionado a partir de la tradición a base de hierbas. El rango de medicamentos modernos basados ​​en plantas incluyen, por ejemplo, el agente anticanceroso taxol (de la corteza del árbol tejo del Pacífico) y la artemisinina contra la malaria (del arbusto artemisia). Otros remedios tenían que ser localizados en lugares más exóticos, como Madagascar, el hogar de una especie de la hierba doncella o pervinca (Vinca minor), que ha arrojado docenas de productos químicos interesantes, incluyendo la vincristina y la vinblastina, fármacos utilizados en la quimioterapia.

A pesar de todos estos ejemplos, que demuestran que numerosas hierbas se han convertido en parte importante de la medicina convencional, es imperativo hacer hincapié en que gran parte de la medicina herbolaria todavía se considera alternativa. De hecho, es fácil hacer una división entre la medicina herbolaria alternativa y lo que podría llamarse la medicina científica a base de hierbas (fitoterapia). La diferencia entre las dos categorías queda claro si se retoman los objetivos de los científicos que examinaron los remedios a base de plantas en los siglos XIX y XX.

Los científicos querían identificar el ingrediente activo de cada planta y aislarlo. Luego trataron de sintetizar el principio activo industrialmente, con el fin de producirlo en serie a un bajo costo. Incluso trataron de mejorar por manipulación las moléculas de la sustancia inicial. Fundamentalmente, los científicos trataron de evaluar el impacto de sus tratamientos en los pacientes para saber qué extractos de hierbas son seguros y eficaces, y los que eran peligrosos o ineficaces. Los tratamientos que surgieron de este enfoque científico de la medicina a base de hierbas son tan parte de la corriente principal médica que ya no son considerados remedios herbolarios, sino que se han incorporado dentro del campo de la farmacología moderna. Sin duda, es apropiado mencionar que la palabra "droga" viene de la palabra sueca druug, que significa "planta seca '.

Por otro lado, la medicina herbolaria por lo general, pone énfasis en el uso de la planta entera o una parte de ella, ya que su filosofía subyacente es que estas plantas han sido diseñadas para curarnos. Los herbolarios tradicionales creen que la naturaleza ha diseñado la mezcla compleja de sustancias dentro de una planta para que trabajen en armonía, lo que significa que la planta produce un efecto que es mayor que la suma de sus partes. Los herbolarios llaman a esto sinergia.

En resumen, los terapeutas herbales alternativos siguen creyendo que la madre naturaleza es sabia, mientras que los científicos creen que la naturaleza es sólo un punto de partida y que los medicamentos más potentes se derivan de la identificación (y a veces manipulación) de los componentes claves de la planta.

Dudas sobre seguridad

Sabemos que los productos farmacéuticos científicos basados ​​en plantas son eficaces, pero la cuestión clave en esto es si las hierbas medicinales de plantas alternativas tanto si se venden individualmente en hierberías (o yerberías) como si son envasadas y vendidas en centros naturistas funcionan realmente. La mayoría de las plantas no han sido sometidas al mismo nivel de escrutinio que los fármacos convencionales, pero hay numerosos estudios que arrojan luz sobre determinadas medicinas a base de hierbas. La ciencia tiene que hacer frente a un problema aún más importante: la seguridad. Así mismo, es importante saber qué medicamentos a base de hierbas funcionan y que los pacientes y los médicos también necesitan saber cuáles son peligrosos y tal vez incluso letales. Por lo tanto, antes de iniciar cualquier régimen de tratamiento a base de remedios herbolarios, el médico y el paciente deben acordar en que la probabilidad y la magnitud de los beneficios potenciales superen el riesgo y la severidad de los efectos secundarios adversos. Es importante recordar que la mayoría de productos químicos potentes que se encuentran en las plantas, no sólo aquellos que pueden ayudar a tratar con la enfermedad humana, también han evolucionado para servir a un propósito muy diferente. Por ejemplo, algunos de estos productos químicos se han desarrollado con el fin de proteger a la planta de los insectos, y si estos insecticidas naturales pueden envenenar a los insectos, entonces es muy probable que puedan, en dosis suficientemente altas, dañar a los humanos también.

En productos complementarios adquiridos sin receta médica en tiendas naturistas no se hace referencia a la eficacia de los medicamentos a base de hierbas individualizadas. Esa es la razón por la cual el tratamiento con mezclas de hierbas especiales deben ser preparadas por un herbolario tradicional después de una consulta personal detallada. Los herbolarios tradicionales por lo general practican esta forma de medicina a base de hierbas individualizadas, combinando varias hierbas con el fin de encontrar la mezcla que es más adecuada para las características de un paciente individual. Esto puede depender del historial de los pacientes, los antecedentes, la personalidad y el medio ambiente, así como sobre los síntomas actuales. Esto significa que dos pacientes que presentan los mismos síntomas pueden recibir muy diferentes mezclas de hierbas. Es más difícil de probar este tipo de remedio herbolario debido a su naturaleza individual, pero ciertamente no es imposible. De hecho, ha habido varios ensayos clínicos aleatorios de alta calidad.

Posibles interacciones

Los remedios herbolarios, desafortunadamente pueden servir de doble golpe para otras drogas, ya sea destruyéndolas o bloqueando su entrega. Por ejemplo, las autoridades de Suecia y el Reino Unido han aconsejado a las mujeres que usan anticonceptivos orales no tomar la hierba de San Juan (Hypericum perforatum), ya que hay varios casos que indican que la hierba inhibe la acción normal de los anticonceptivos y de ese modo podría llevar a un embarazo no deseado. Del mismo modo, han surgido preocupaciones por pacientes con trasplante renal debido a que la hierba de San Juan interfiere con la acción de la ciclosporina (un fármaco inmunosupresor que ayuda a prevenir el rechazo de órganos). En un caso, una mujer de veintinueve años de edad, en Arkansas, comenzó a tomar la hierba de San Juan para la depresión mientras tomaba la ciclosporina tras un trasplante de riñón y páncreas. Su trasplante había sido un éxito, pero los niveles de ciclosporina en su sangre se desplomaron y tanto la función de su riñón como de su páncreas comenzó a declinar. Los médicos quedaron perplejos por varias semanas ya que la paciente no se molestó en informarles que estaba tomando la hierba de San Juan. Cuando este problema salió a la luz, se le pidió detener su consumo de la hierba medicinal y los médicos trataron de aumentar sus niveles de ciclosporina. Por desgracia, ya era demasiado tarde - fue rechazado el riñón y la paciente tuvo que regresar a un programa de diálisis.

Los problemas causados ​​por las hierbas medicinales que interfieren con los medicamentos convencionales se deben en parte a la falta de conciencia entre el público general que las hierbas medicinales conllevan riesgos. Una gran proporción de la población asume falsamente que los remedios herbolarios son inherentemente seguros sólo porque son naturales. Una encuesta de Israel, por ejemplo, reveló que el 56 por ciento de las personas que utilizan las hierbas medicinales cree que no causan efectos secundarios . Esto ayuda a explicar los resultados de una encuesta realizada a 318 pacientes ambulatorios que reciben tratamiento para el cáncer en el Hospital Royal Marsden de Londres -52 por ciento de ellos usaron suplementos alternativos, pero menos de la mitad de estos pacientes se había tomado la molestia de informar a los médicos y enfermeras que les trataban con medicina basada en evidencia.

Con algunos otros remedios herbales, los efectos adversos son más graves y ciertamente superan los beneficios posibles. A principios de 1990, un médico belga llamado Jean-Louis Vanherweghem estaba desconcertado por dos mujeres jóvenes que llegaron a su clínica; ambas habían sufrido daño renal repentino e inexplicable (nefropatía). Después de la anamnesis (cuestionamientos que permiten al médico emitir un diagnóstico más acertado), se enteró de que ambas mujeres habían estado siguiendo el mismo régimen de adelgazamiento que involucraba el uso de varias hierbas chinas. El vínculo entre las hierbas y la insuficiencia renal fue sólo una corazonada en esta etapa, pero se confirmó cuando los registros locales mostraron que otras siete mujeres menores de cincuenta años de edad habían sufrido insuficiencia renal similar en 1991 y 1992, y todas ellas habían seguido la mismo programa de adelgazamiento a base de hierbas.

Vanherweghem publicó sus observaciones en la revista The Lancet en 1993, y dentro de un año publicó un documento de seguimiento en el que se identificaron setenta casos de lo que se ha dado en llamar nefropatía de la hierba china. Treinta de estos casos habían sido mortales. Finalmente, después de examinar y probar la mezcla de hierbas que era común a todos los casos de insuficiencia renal, se hizo evidente que el culpable era una hierba conocida como aristolochia.

Contaminantes

En 2003, un grupo de investigadores médicos de Boston rastreó sus tiendas locales y compró setenta productos distintos a base de remedios herbolarios de medicina ayurvédica. Uno de cada diez contenían más arsénico que el nivel de seguridad estándar, con el peor de los casos con un contenido de arsénico 200 veces mayor que el nivel permitido. Uno de cada diez productos también contenía exceso de mercurio, con el peor de los casos conteniendo más de 1000 veces más mercurio que el nivel de seguridad recomendado. Lo más preocupante de todo, uno de cada cinco productos también contenía exceso de plomo, con el peor de los casos conteniendo más de 10000 veces más plomo que el nivel de seguridad recomendado.

A veces los contaminantes en las hierbas medicinales no son metales tóxicos sino fármaco convencionales, introducidos deliberadamente con el fin de obtener el efecto deseado. Por ejemplo, en 1998 se encontró que el sedante a base de hierbas Buda Durmiente (Sleeping Buddha) contenía estazolam, un sedante convencional, y cinco productos para la diabetes a base de hierbas chinas se pusieron a prueba en 2000 y se encontró que contenían gliburida, un medicamento para la diabetes y fenformina. Tal vez los contaminantes más comunes son los corticoesteroides, que se añaden a las cremas a base de hierbas para tratar el eczema, y ​​Viagra (sildenafil), que se introduce en algunos afrodisíacos herbolarios para dar el efecto deseado y aumentar los precios.

Aparte de los aspectos legales y éticos, los pacientes están consumiendo una droga farmacéutica sin saberlo, exponiéndose a un peligro desconocido. El medicamento podría interferir con otros medicamentos que se están tomando y causar reacciones adversas. Por otra parte, un paciente podría llegar a un remedio herbolario porque es alérgico a un fármaco en particular, pero si el remedio herbolario está contaminado con ese mismo producto farmacéutico, entonces el paciente es engañado para tomar la misma cosa que él o ella está tratando de evitar.

El caso más famoso de contaminación de medicina herbolaria involucró al PC-SPES, una mezcla patentada que supuestamente se basaba en una combinación de ocho hierbas chinas y se vendía como un suplemento dietético para apoyar y promover la función saludable de la próstata[3] y como tratamiento para la próstata cáncer. PC es una abreviatura de Prostate Cancer (cáncer de próstata) y SPES, que en latín significa esperanza. Los hombres comenzaron a usarlo a mediados de la década de 1990 como una alternativa aparentemente segura y natural para el tratamiento hormonal. Para el año 2001, sin embargo, se hizo evidente que el PC-SPES había sido contaminado por partida doble. El primer contaminante era dietilestilbestrol, un sustituto artificial del estrógeno, que había caído en desgracia en la década de 1970 debido a sus numerosas reacciones adversas, incluyendo coágulos de sangre. En retrospectiva, esto explica tanto la eficacia de PC-SPES y el hecho de que algunos usuarios habían muerto a causa de la trombosis. El segundo contaminante era warfarina, un agente anticoagulante utilizado tanto en la medicina y como en veneno para ratas. Se supone que este se había introducido en el preparado para contrarrestar los efectos adversos del estrógeno artificial.[4]

En conclusión

En general, la industria de la medicina alternativa global, con sus ganancias de miles de millones de dólares, no ha logrando cumplir con el tipo de beneficios para la salud que pretende ofrecer a quienes compran sus productos. Por lo tanto, millones de pacientes están perdiendo su dinero y poniendo en riesgo su salud (o su vida), volteando la mirada hacia una industria de productos milagro. Ahora bien, debe tenerse en cuenta que existe un extremo más respetable de la industria de la medicina a base de plantas y de los cuales sí hay estudios comprobables. Pero es chocante pensar que hay de pseudoterapias que hacen incluso las aseveraciones más extravagantes con el fin de extraer aún más dinero de sus pacientes.

La medicina herbolaria, sin duda, ofrece algunos remedios interesantes, pero son significativamente inferiores comparados a los remedios herbolarios no probados, refutados y francamente peligrosos que hay en el mercado.

Otras falsas terapias


Referencias y ligas externas

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  1. Silverman, M.E. William Withering and An Account of the Foxglove. Clin. Cardiol. 12, 415-418 (1989)
  2. Withering W. An Account of the Foxglove and Some of Its Medical Uses. M. Swinney, Birmingham (1785) (The Classics of Medicine Library, Special Edition, 1979.
  3. PC-SPES (PDQ®)–Health Professional Version. Página del Instituto Nacional del Cáncer (NCI). 16 de abril 2016. (Inglés).
  4. Simon Singh & Edzard Ernst. "Trick or treatment? Alternative medicine on trial". Corgi. 2008. 197-244. ISBN 978-0552157629