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Leyendas

La Isla de San Borondón (también conocida como Isla de San Brandán[1]) es una leyenda que sigue siendo muy popular de las Islas Canarias (España) que tiene varios siglos de antigüedad y que se encuentra en las crónicas de antiguos navegantes y viajeros.

Se supone que es una isla fantasma del archipiélago canario que se localizaría al oeste del Archipiélago, a 550 km en dirección oeste-noroeste de El Hierro y a 220 km en dirección oeste-sudoeste de La Palma. Hay quienes afirman no solo haberla visto, sino que han puesto pie en ella, mientras que otros, en el mismo lugar, no han presenciado nada.

Según las leyendas, se relata que la isla algunas veces surgía de las aguas para desaparecer luego entre brumas, sin dejar rastro alguno, precisamente cuando los navegantes intentaban acercarse a ella.

St Borondon

Este mito tiene origen en los autores de la Grecia clásica, y el nombre de la isla nombre proviene de la isla-ballena en la que, según cuenta la leyenda, desembarcó Brandán (o San Brendán), monje irlandés del 500 d.C., tras internarse en el Atlántico.

Hoy en día, cuando se conoce perfectamente la geografía de Canarias y los vuelos y los viajes en barco entre islas son continuos, parece que esta isla ha dejado de aparecer, lo que continúa es la creencia en su existencia, aún en estos tiempos modernos.

Uno de los primeros análisis rigurosos sobre este territorio fue escrito por Leonardo Torriani, un ingeniero italiano que recibió el encargo de Felipe II de realizar un estudio sobre las fortificaciones de todo el archipiélago canario y que, con motivo de dicha labor, escribió en 1588 la obra Descripción e historia del reino de las Islas Canarias antes Afortunadas, con el parecer de sus fortificaciones, donde incluyó un capítulo sobre San Borondón. En torno a una década después, el fraile franciscano Juan de Abreu Galindo publicó Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, donde dedicó los cuatro últimos capítulos a dicho territorio.

Ya en el siglo XVII, el historiador tinerfeño Juan Núñez de la Peña escribió en 1676 una voluminosa obra donde también se refirió a San Borondón, su origen y sus viajeros.[2]

En 1772 José de Viera y Clavijo publicó Historia de Canarias, donde incluyó un capítulo titulado “La famosa cuestión de San Borondón”. En él, además de recoger varios testimonios de exploradores que llegaron a dicho territorio, intentó explicar argumentos científicos contrarios a su aparición, basados en la proyección de la imagen de La Palma en las nubes y, a su vez, en el mar.

Orígenes

Los orígenes de San Borondón se remontan al siglo II E.C.. Ptolomeo se refirió a una isla mágica a la que llamó “Aprósitus nesos" o “Inaccesible”, lo que para algunos hace referencia a San Borondón. No fue sino hasta el signo VII cuando comenzó la leyenda a popularizarse gracias a los viajes y de la boca de monje irlandés San Brandán, fundador del monasterio de Clonfert (Irlanda). El nombre irlandés primitivo del santo que dio origen a la leyenda puede ser Brénainn o Brénaind. Las antiguas fuentes irlandesas nos transmiten ya las formas latinizadas Brendanus y Brendinus. En castellano existen variantes, entre las que destacan Brandán, Brandón, Bradaón, Balandrán, Bolondrón. Incluso en el famoso Mapa de Piri Reis se hace mención, según se cree de San Brandán pero con el nombre de Sanvolrandan.

Mapa Piri Reis-Sanvolrandan

Sanvolrandan (San Brandán) sobre el pez-ballena según el Mapa de Piri Reis.

Según parece, tras escuchar a su primo Barinthus hablar sobre una isla maravillosa que había encontrado al oeste de la Isla de las Delicias, san Brandán decidió salir en su búsqueda acompañado por catorce frailes. En su largo viaje, encontraron varias islas fabulosas, entre ellas, la isla-ballena, que es el origen de San Borondón.

La leyenda de San Brandán, titulada Navigatio, alcanzó su máximo apogeo en plena Edad Media, entre los siglos VI y XV, convirtiéndose en un auténtico best seller de la época, como prueban la existencia de un centenar de manuscritos con la versión completa del texto en latín y cerca de cincuenta resúmenes, imitaciones y versiones en lenguas vulgares

El relato maravilloso de San Brandán sobre la isla-ballena que aparecía y desaparecía en la bruma provocó que siglos después fueran muchos los viajeros se decidieran a buscar dicho territorio.

En 1588 el ingeniero italiano Leonorado Torriani aceptó un trabajo que le encargó el rey Felipe II, con el fin de estudiar y mejorar todas las fortificaciones del archipiélago. En su obra Descripción e historia del reino de las Islas Canarias antes Afortunadas, con el parecer de sus fortificaciones, Torriani dedica el primer capítulo a “la isla Antilia o de San Borondón, que no se halla”. En él recoge varios testimonios de los isleños sobre dicho territorio y con ellos dibuja varios mapas de la superficie y el contorno de la isla. Además, ayudándose de los relatos de los habitantes del archipiélago, realiza un recorrido por las principales expediciones a la isla efectuadas en el siglo XVI, hasta 1570.

Aunque hubo expediciones en busca de la isla, muchos afirmaron no encontrar nada, mientras que otros prefirieron seguir fabulando y continuar así con el relato maravilloso de la isla, añadiéndole ingredientes propios.

Será en el siglo XIX cuando se multipliquen los discursos científicos sobre San Borondón. Entre ellos, destaca el del biólogo Jean-Baptiste-Geneviève-Marcellin Bory, quien en su obra Essais sur les Isles Fortunées et l’antique Atlantide ou Précis de l’historie génerale de l’archipel des Canaries escribió que San Borondón no es más que “un montón de vapores de nubes con forma de tierras".

El rumor de las apariciones de esta isla es sin duda posterior al descubrimiento y conquista de las Canarias, porque si los historiógrafos hubiesen adquirido noticia de ella, es muy poco probable que se resolviesen a omitirla. Thomas Nichols, en su Descripción de las Canarias, año de 1526, estuvo inclinado a creer que la isla de la Madera era la verdadera San Borondón y el primer origen de la fama de esta tierra quimérica, existente a cien leguas de la de El Hierro. No explicó este autor cuáles eran los fundamentos de su opinión.[3]

En la cultura popular

La Isla de San Borondón ha tenido participación en el arte. Se encuentra en la literatura medieval irlandesa, en poesía, en novelas de ficción, en obras teatrales y en la música.[4]

En 1995, Manuel González Mauricio realizador audiovisual y animador nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1961, a la sazón director de equipamiento científico de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna, realizó una video-creación titulada San Borondón: la isla virtual. El documental era un viaje en 3D por la mítica isla, reconstruida en base a obras plásticas y escultóricas de artistas canarios como César Manrique, Oscar Domínguez, etc., y utilizaba el recurso al concepto de la isla de San Borondón como metáfora de la identidad canaria. Este vídeo participó en varios festivales y obtuvo algunos premios importantes.[5]

Referencias y ligas externas

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  1. Hennig, Richard. Wo lag das Paradies?: Rätselfragen der Kulturgeschichte und Geographie (¿Dónde estaba el paraíso? Enigmas de la cultura, la historia y la geografía). Berlin: Druck. Tempelhof, 1950.
  2. Núñez de la Peña,Juan (1676). Conquista y antigüedades de la isla de la Gran Canaria y su descripción, con muchas advertencias de sus privilegios, conquistadores, pobladores y otras particularidades en la muy poderosa isla de Tenerife, dirigido a la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Candelaria.
  3. José de Viera y Clavijo (2016) Historia de Canarias. Volumen I. Ediciones Idea. ISBN 978-84-16404-12-4
  4. Chaparro Domínguez, María A. (2013). Revisión del mito geográfico de San Borondón y aproximación a su huella en la literatura y otras artes. Revista de Filología Románica, vol. 30, núm. 2, 229-244 ISSN 0212-999-X., Doi: 10.5209/rev_RFRM.2013.v30.n2.45706
  5. Álvarez González, Carlos J. (2000). Reaparece La Isla De San Borondón. Revista El Escéptico. Núm 10. Pág 5.
P Leyendas y mitos
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